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Animales menos comunes en la terapia asistida: más allá de perros y caballos

  • Foto del escritor: Formación Avanzada Europea
    Formación Avanzada Europea
  • 3 sept
  • 3 Min. de lectura

Cuando hablamos de terapia asistida con animales, la mayoría de las personas piensan inmediatamente en perros de terapia o en equinoterapia. Es lógico: estos son los modelos más difundidos y con mayor respaldo científico. Sin embargo, en las últimas décadas han surgido experiencias innovadoras que incorporan animales menos comunes como conejos, delfines, aves e incluso animales de granja pequeños. Estos enfoques, aunque menos conocidos, han demostrado un impacto positivo en distintos contextos de salud física, mental y social.


En este artículo exploraremos cuáles son estos animales, qué beneficios aportan y qué consideraciones éticas y prácticas deben tomarse en cuenta para garantizar tanto la seguridad de las personas como el bienestar animal.


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Conejos: suavidad y calma en entornos terapéuticos


Los conejos, por su tamaño pequeño, su pelaje suave y su naturaleza generalmente tranquila, se utilizan en entornos donde un perro podría resultar demasiado intimidante o poco práctico.


Beneficios principales:


Favorecen la relajación y reducen la ansiedad gracias al contacto físico suave.


Son fáciles de manejar en hospitales, residencias o escuelas, ya que requieren menos espacio.


Resultan especialmente adecuados para personas mayores o niños pequeños, que encuentran en su comportamiento tierno una fuente de calma.


Consideraciones: los conejos son animales delicados, sensibles al estrés y a ruidos fuertes. Su participación debe estar cuidadosamente supervisada, con tiempos de descanso frecuentes y atención a su bienestar.


Delfines: la controvertida terapia asistida en el agua


La terapia asistida con delfines ha captado la atención mediática por su carácter único y llamativo. Se basa en la interacción de pacientes con delfines en entornos acuáticos controlados, lo que se combina con la estimulación sensorial del agua.


Beneficios reportados:


Mejora en la motivación y la comunicación en niños con trastornos del espectro autista.


Estimulación multisensorial y aumento de la atención en sesiones de rehabilitación.


Efecto positivo en el estado de ánimo y la disposición emocional de los participantes.


Controversias:


Muchos expertos señalan la falta de evidencia científica sólida que respalde su eficacia.


Surgen cuestionamientos éticos sobre el bienestar de los delfines en cautiverio.


Existen alternativas igualmente efectivas y más éticas en entornos terrestres o acuáticos.


En la actualidad, esta práctica continúa siendo objeto de debate y exige una reflexión seria sobre la relación entre el beneficio humano y la protección animal.


Aves: compañía alada y estímulo cognitivo


Las aves, en especial loros y periquitos, también se han incorporado a programas terapéuticos. Su capacidad para emitir sonidos, imitar palabras y responder al entorno puede convertirse en una poderosa herramienta de estimulación cognitiva y social.


Beneficios potenciales:


Estimulan la comunicación verbal y la interacción social, sobre todo en adultos mayores.


Fomentan la atención y la memoria en ejercicios de estimulación cognitiva.


Ofrecen compañía en programas de apoyo emocional, gracias a su naturaleza curiosa y juguetona.


Limitaciones: el manejo de aves implica una higiene estricta y un entorno controlado para evitar riesgos sanitarios. Además, no todas las especies son aptas: se recomienda trabajar solo con aquellas que puedan socializarse de manera segura.


Animales de granja pequeños: una alternativa en entornos educativos


Gallinas, cabras en miniatura, ovejas o incluso cerdos pequeños se han incorporado en programas de terapia asistida, especialmente en contextos rurales o granjas escuela. El contacto con estos animales ofrece una experiencia educativa y sensorial enriquecedora.


Beneficios destacados:


Favorecen el sentido de responsabilidad y el cuidado en niños y adolescentes.


Promueven la conexión con la naturaleza y el respeto por otros seres vivos.


Estimulan habilidades motoras finas y gruesas en actividades como alimentar o cepillar.


Estos animales pueden integrarse en programas grupales, fortaleciendo la cooperación, la paciencia y la empatía.


Desafíos y consideraciones éticas


El uso de animales menos comunes en terapia no está exento de retos:


Bienestar animal: es fundamental asegurar que los animales no sufran estrés ni explotación.


Evidencia científica: muchos de estos enfoques requieren más estudios para confirmar sus beneficios de manera rigurosa.


Seguridad: se deben prevenir riesgos de alergias, zoonosis o accidentes.


Adaptabilidad: no todos los animales se ajustan a cualquier entorno, por lo que la selección debe ser cuidadosa y personalizada.


Conclusión


Los animales menos comunes en la terapia asistida representan un campo innovador que combina ciencia, creatividad y sensibilidad hacia el mundo animal. Conejos, aves, delfines y animales de granja han demostrado que la relación entre humanos y animales puede adoptar múltiples formas, todas con un potencial transformador.


Sin embargo, es imprescindible mantener un equilibrio: no se trata solo de buscar el beneficio humano, sino de garantizar la dignidad y el bienestar de los animales involucrados. El futuro de estas terapias dependerá tanto de la investigación científica como de la ética con la que se lleven a cabo.

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