La terapia asistida con animales para niños hospitalizados: un puente entre la medicina y la esperanza
- Formación Avanzada Europea
- 17 jul
- 4 Min. de lectura
En los últimos años, la terapia asistida con animales (TAA) se ha consolidado como una herramienta complementaria valiosa en el tratamiento de niños hospitalizados. Esta práctica, que integra animales entrenados en el entorno clínico bajo la supervisión de profesionales de la salud, ha demostrado beneficios emocionales, psicológicos e incluso físicos en pacientes pediátricos.
La hospitalización puede ser una experiencia intimidante, especialmente para los más pequeños. El entorno desconocido, los procedimientos médicos y la separación del hogar generan estrés, ansiedad y, en muchos casos, aislamiento. La TAA surge como una respuesta cálida y efectiva para acompañar a estos niños en un proceso más humano, empático y esperanzador.

¿En qué consiste la terapia asistida con animales?
La TAA es una intervención dirigida y planificada que incluye la interacción entre un paciente, un animal entrenado y un profesional de la salud con objetivos terapéuticos concretos. A diferencia de las actividades recreativas con animales, la TAA forma parte de un plan de tratamiento y se evalúa como cualquier otra terapia clínica.
En el contexto hospitalario pediátrico, los animales más comunes en este tipo de terapias son perros, aunque también pueden incluirse gatos, conejos e incluso animales exóticos o aves, siempre que cumplan con criterios de salud, temperamento y entrenamiento.
Beneficios emocionales para niños hospitalizados
Uno de los impactos más inmediatos de la TAA es la reducción del estrés. Estudios han demostrado que la presencia de un animal en la habitación del hospital puede disminuir los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y aumentar la producción de oxitocina, asociada al bienestar y la vinculación afectiva.
Los animales ofrecen una forma de conexión emocional incondicional, libre de juicios. Para un niño que enfrenta una enfermedad o tratamiento invasivo, acariciar a un perro o jugar con un conejo puede convertirse en una pausa reparadora, una forma de sentir normalidad dentro de la rutina hospitalaria.
La TAA también contribuye a reducir la percepción del dolor. Diversos estudios señalan que los niños que participan en sesiones de TAA reportan menor dolor subjetivo, posiblemente porque su atención se centra en la interacción con el animal y no en los procedimientos médicos.
Impacto en la salud mental y la adaptación
La ansiedad y la depresión son frecuentes entre niños hospitalizados, especialmente aquellos que enfrentan estancias prolongadas o tratamientos agresivos como la quimioterapia. La terapia asistida con animales puede actuar como un regulador emocional, mejorando el estado de ánimo, fomentando la expresión emocional y favoreciendo la adaptación al entorno hospitalario.
Además, la presencia de un animal facilita la comunicación en niños con dificultades del habla, trastornos del espectro autista o estados de retraimiento emocional. El vínculo con el animal se convierte en un canal seguro a través del cual los niños pueden proyectar emociones, temores o deseos que no logran verbalizar con adultos.
Apoyo al desarrollo físico y cognitivo
Aunque muchas veces se piensa que la TAA tiene únicamente un componente emocional, su impacto también es físico y cognitivo. Por ejemplo, en niños con problemas de movilidad o que se encuentran en rehabilitación, la interacción con un animal puede motivar el movimiento, fortalecer la coordinación y hacer que los ejercicios fisioterapéuticos sean más tolerables.
A nivel cognitivo, las sesiones pueden incluir actividades planificadas que estimulen la memoria, la atención o la resolución de problemas. Un ejemplo común es pedirle al niño que enseñe trucos al animal, que le lea un cuento o que lo guíe en un pequeño circuito. Estas tareas, aunque lúdicas, tienen un propósito terapéutico claro.
Consideraciones éticas y logísticas
La implementación de TAA en hospitales pediátricos requiere una planificación cuidadosa. No todos los niños son candidatos para participar; se deben considerar alergias, miedos, inmunocompromiso u otras condiciones médicas. Del mismo modo, los animales deben estar certificados, tener un entrenamiento riguroso, controles veterinarios frecuentes y trabajar bajo condiciones de bienestar garantizadas.
La terapia debe ser dirigida por un equipo profesional capacitado, que incluya terapeutas ocupacionales, psicólogos, médicos y especialistas en intervención asistida con animales. Es crucial entender que no se trata solo de “llevar un perro al hospital”, sino de integrar la TAA como parte de un abordaje terapéutico interdisciplinario.
Casos reales: más que anécdotas
En hospitales pediátricos de países como Estados Unidos, España, Chile o Japón, los programas de TAA están cada vez más institucionalizados. Niños con cáncer han mostrado mejor adherencia al tratamiento cuando participan en sesiones con perros de terapia. Algunos hospitales reportan una disminución en la necesidad de sedantes antes de ciertos procedimientos cuando los niños interactúan previamente con un animal.
Los padres también reportan mejoras en el estado de ánimo de sus hijos y en su propio nivel de tranquilidad. Para muchos, ver a su hijo sonreír mientras juega con un perro en medio de un tratamiento duro es un respiro emocional invaluable.
Conclusión
La terapia asistida con animales no reemplaza el tratamiento médico, pero lo complementa de forma poderosa. En el caso de los niños hospitalizados, representa mucho más que una distracción: es una forma de sanar desde lo humano, de conectar con la vida en medio de la enfermedad, y de devolverle al hospital un poco de lo que muchas veces pierde: calidez, juego, cercanía.
Incorporar la TAA en entornos pediátricos no solo mejora los resultados clínicos, sino que transforma la experiencia hospitalaria en una más digna, empática y esperanzadora para los niños y sus familias.



Comentarios